Cómo Evaluar e Intervenir en Niños con Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad

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Por Estefanía Cruz – Psicóloga

El trastorno por Déficit de atención con Hiperactividad es uno de los problemas psicofisiológicos más frecuentes en niños. Este trastorno implica un patrón de déficit atencional, hiperactividad y/o impulsividad. Sin embargo, no todos los niños manifiestan los mismos síntomas, pudiendo existir niños que presenten de manera predominante falta de atención, de hiperactividad/impulsividad o bien combinada, de déficit de atención e hiperactividad/impulsividad. En niños la hiperactividad se manifiesta en mayor proporción, mientras que el déficit de atención es más prevalente en niñas.

A consecuencia de este trastorno, los niños en ocasiones pueden manifestar agresividad física y verbal y desarrollar rechazo social así como dificultades a la hora de establecer relaciones con sus iguales, dificultades de aprendizaje, problemas de sueño, depresión, ansiedad y baja autoestima, como recoge la Guía de Práctica Clínica del Sistema Nacional de la Salud. Además, es frecuente que los niños que padecen este trastorno muestren conductas disruptivas, a consecuencia de la baja tolerancia a la frustración. Ante conflictos interpersonales usuales, sus emociones son frecuentemente desproporcionadas, lo que les genera mayor malestar emocional, que se manifiesta en forma de rabietas, gritos y desobediencia.

Debido a sus características clínicas y su origen neurobiológico el Diagnóstico del TDAH debe implicar un trabajo multidisciplinar entre los servicios sanitarios, educativos y la familia. Sólo podemos referirnos a TDAH cuando las manifestaciones del niño se presentan con mayor frecuencia que las observadas en otros niños de su misma edad y, con su mismo grado de desarrollo. Aunque los síntomas del TDAH tienden a manifestarse en la infancia, resulta complejo realizar un diagnóstico a edades tempranas, ya que pueden confundirse con los signos típicos de la edad. Por ello, se considera recomendable no establecer un diagnostico en firme hasta los siete años de edad, cuando el ambiente del niño requiere de unas exigencias de mayor atención y control sobre sí mismo, lo que implica una mayor evidencia de la sintomatología.

El diagnóstico del TDAH va a depender de la evaluación de diferentes áreas:

  • SINTOMATOLOGIA
    Como indicadores del funcionamiento del niño en tareas que requieren esfuerzo atencional, como por ejemplo atender en clase, de su capacidad de reflexión, autocontrol, entre otras.
  • COGNICIÓN
    Como indicadores de la habilidad del niño para solucionar tareas cotidianas, de su rendimiento académico, social y cognitivo. Proporciona información de la intensidad de las dificultades derivadas del trastorno como, déficits en memoria de trabajo, velocidad de procesamiento, en autocontrol, resolución de problemas, etc.
  • CONDUCTUAL Y EMOCIONAL
    Como indicadores para evaluar los aspectos desadaptativos de la conducta que presenta niño.

Además, la evaluación se debe completar con la observación conductual, el rendimiento escolar del niño, y entrevista a los padres y profesores para tener una visión global de los déficits y potencialidades del niño.

Con respecto a la intervención, esta debe ser interdisciplinar, ya que requiere de varios enfoques y la implicación activa de diferentes profesionales. Resulta fundamental, la intervención no sólo con el niño, con el objetivo de reducir la sintomatología, aumentar el autocontrol, mejorar socialización, gestionar la frustración y conseguir una mayor adaptación, sino también con su familia y educadores. Además, debe ser individualizada, ya se trata de un trastorno heterogéneo, que se presenta en distintas formas en función del niño. Sólo así se podrá realizar una intervención efectiva.
Las actuaciones llevadas a cabo desde la familia son clave para gestionar de manera adecuada el impacto emocional que genera convivir con el TDAH. En muchas ocasiones el estrés asociado al comportamiento de los niños con este trastorno genera que los padres se sientan insatisfechos y con dudas sobre su capacidad para ejercer su función, generando mayor estrés en el ambiente familiar. Por ello, resulta importante comprender cómo afecta el TDAH y aprender a gestionar de manera adecuada su impacto en el hogar. Esto ayudará a generar un ambiente de convivencia más sano, posibilitará la generalización de pautas y estrategias aprendidas, y en consecuencia minimizará los síntomas nucleares de los niños con este trastorno.