Cómo podemos afrontar el tema de la muerte con los niños

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El miedo a la muerte es un miedo frecuente entre los niños y puede manifestarse como una ansiedad intensa a la separación, una incapacidad para irse a dormir o bien en que habla continuamente de la muerte.

 
No se puede ni se debe proteger a los niños de la realidad, evitándoles teblog muertemas desagradables como la muerte. Los niños deben experimentar sus propias pérdidas, ya sea la de un animal, la de un pariente lejano o la de un vecino y, además, pueden ver destrucción en cualquier parte, en la televisión y en las películas.

 
La muerte es un hecho ineludible de la vida. Tenemos que enfrentar el tema y también tienen que hacerlo nuestros hijos. Si queremos ayudarles debemos hacerles saber que está bien hablar de ello. Es cierto que hablar de ello no resuelve todos los problemas, pero si no se habla estaremos aún más limitados en nuestra capacidad para ayudar.

 
Al hablar de la muerte con nuestros hijos, podemos enterarnos de lo que ellos saben y de lo que desconocen, si tienen ideas equivocadas, temores o preocupaciones.

 
Lo que decimos a nuestros hijos acerca de la muerte o el momento que escogemos para hacerlo, dependerá de sus edades y experiencias.

 
Los niños toman conciencia de la muerte mucho antes de que nos demos cuenta. Ellos siempre están viendo pájaros muertos, insectos y animales en las calles y casi todos los días ven situaciones de muerte en la televisión o videojuegos. Escuchan acerca de ella desde las historias de los cuentos de hadas y lo exteriorizan en sus juegos. La muerte es parte de la vida cotidiana y hasta cierto punto los niños son conscientes de ello.

 
Si les permitimos a los niños hablar con nosotros sobre la muerte, podemos brindarles la información que necesitan, prepararles para una crisis y ayudarles cuando estén tristes. Podemos animarlos a comunicarse demostrándoles interés y respeto por lo que ellos dicen y actuando de un modo abierto, sincero y tranquilo con nuestros propios sentimientos. Quizás también podamos facilitar la comunicación con nuestros hijos si analizamos de cerca algunos de los problemas que pueden estar dificultando dicha comunicación.

 
Los niños atraviesan una serie de etapas en su entendimiento de la muerte. Por ejemplo, los niños en edad preescolar normalmente entienden la muerte como algo reversible, temporal e impersonal. Esta idea se refuerza al ver a personajes de dibujos animados en televisión que se recuperan milagrosamente después de haber sido aplastados o explotados.

 
Entre las edades de cinco y nueve años la mayoría de los niños comienzan a darse cuenta de que la muerte es algo definitivo y que todos los seres vivos se mueren, pero todavía no perciben la muerte como algo personal. Abrigan la idea de que, de algún modo, pueden escaparse de ella por medio de su propio ingenio. Durante esta etapa, los niños también tienden a personificar la muerte; pueden asociar la muerte con un esqueleto o con el ángel de la muerte. Algunos niños sufren pesadillas sobre estas imágenes.

 
A partir de los nueve o diez años de edad y durante la adolescencia, los niños empiezan a entender plenamente que la muerte es irreversible, que todos los seres vivos mueren y que ellos también se morirán algún día. Algunos empiezan a elaborar ideas filosóficas acerca de la vida y la muerte. Los adolescentes a menudo se sienten fascinados con encontrar el sentido de la vida. Algunos reaccionan a su temor de la muerte arriesgando innecesariamente su propia vida. Al afrontar la muerte, están intentando superar sus miedos y confirmar el “control” que tienen sobre la mortalidad

 
Aspectos a tener en cuenta:

La comunicación sobre la muerte, al igual que toda comunicación, se hace más fácil cuando los niños sienten que tienen nuestro permiso para hablar sobre el asunto y sienten que realmente nos interesan sus opiniones y preguntas. Anímeles a comunicarse prestándoles atención, respetando sus opiniones y respondiendo a sus preguntas con sinceridad.

El niño tiene que expresar sus emociones; puede tener diversos sentimientos cuando se entera de que alguien está muy enfermo o ha muerto. Puede negarlo, sentirse colérico, desesperado, culpable o sentir miedo de que lo mismo le pueda ocurrir a él o a otras personas a las que quiere. Hay que dejar que el niño hable de sus sentimientos, y no rechazarlos sino simplemente reafirmarle y darle apoyo. Más tarde, hay que dejar que sepa que es normal y aceptable sentirse mejor después de un cierto tiempo. Explíquele que se requiere un periodo de tiempo largo para superar una desgracia (esto es especialmente verdad con la muerte de un pariente). Siempre echará mucho de menos a aquella persona pero, más tarde, se sentirá mejor. Por otra parte, un niño puede sentirse culpable porque no siente tristeza después de la muerte de su primo segundo. Debe decirle que usted se siente triste porque creció junto a este primo, pero que comprende que él no comparta este sentimiento porque en realidad nunca llegó a conocerle muy bien. No es siempre fácil “escuchar” lo que de verdad está preguntando un niño. Para entender plenamente lo que le preocupa al niño a veces es necesario responder a una pregunta con otra pregunta. Un ejemplo de ello sería: “Mamá, ¿algún día seremos felices de nuevo?”. Si le responde: “¿tu crees que algún día seremos felices?” puede llegar a entender mejor la naturaleza y el alcance de lo que le preocupa a su hijo.

 

Un niño muy pequeño sólo puede absorber cantidades limitadas de información. Las respuestas tienen que ser breves, sencillas y se han de repetir según sea necesario.

 

La decisión de si debe o no un niño visitar a una persona moribunda o asistir al funeral depende de la edad del niño y de su capacidad para entender la situación, su relación con la persona que se está muriendo o que ha muerto y, lo que es más importante, si quiere o no asistir. A un niño jamás se le debe obligar o hacer que se sienta culpable por no querer participar (o por no sentirse cómodo con la idea de asistir a la velación). Un niño al que se le permite visitar a una persona moribunda o asistir a un funeral tiene que estar preparado para lo que va a ver y escuchar.

 

Nuestros propios sentimientos y actitudes sobre la muerte y pérdida de seres queridos se transmiten al niño, intentemos o no, camuflar nuestros verdaderos sentimientos. La forma en que hablamos y compartimos nuestras experiencias con el niño puede ser lo que más recuerde